Su corazón se animaba, descansaba en el compás de luces y sensaciones que nacían en su interior, que siempre habían estado presentes y que esperaban el momento propicio para recordarse.
La melodía lo transportaba, le hacía olvidar quien no era. Un mar de pensamientos se aquietaba, dando paso a una corriente marina. Lo sobrecogía el dejarse llevar por esa corriente, estaba inmerso en esta agua, tan familiar, tan poco explorada. Al mismo tiempo inaccesible y autentica. No existía razón para dudar de ella, pero no se podía tocar. No se podía ver, pero se recordaba. Abría la boca para respirar, era inútil. Ese mundo encontrado no se dejaba asimilar.
Uno nunca sabe cuando una idea, comentario o sensación te pueden ayudar a entender...
