sábado, 16 de febrero de 2008

Cuento Iº

"...La brisa marina inundaba su camarote, hacía más de un mes que navegaba. Su futuro, en momentos dudoso, le abría las puertas de una nueva oportunidad. Miró por la claraboya, el cielo estaba oscuro, otra noche en vela. El ruido del barco rompiendo las barreras naturales que se interponían entre él y su destino, se asimilaba al de una pluma desgarrando el papel, al momento del surgimiento de una creación artística, constante y, sin embargo, poderosa, por momentos de una intensidad fulminante que no permite tregua y que sólo cesa, al parecer, por el capricho de una fuerza desconocida. Existía una extraña similitud entre su destino y el agua, ambos vuelven a su estado natural, sin importar las limitaciones que les impongan. Volvió a mirar a través de la ventanilla y se sorprendió al darse cuenta de que el sol se había hecho presente. Un cielo azul lo invitaba a dejar sus conjeturas. Se levantó, abrió su baúl con objetos personales y sacó una carta, su lugar de origen era una residencia de medio pelo, ubicada en el centro de una ciudad inglesa. El remitente acusaba, Anne Isabella Milbanke. Ésta carta era su única herramienta para su nueva aventura, la que sería su última. En ésta, se hablaba acerca de una mujer de unos veinte años de edad, quien recientemente había conciliado matrimonio con William King. Y de quien se tenía grandes expectativas. Un ruido lo saco de su ensimismamiento, se dispuso a guardar su equipaje en un maletín y camino lentamente hacía lo incierto..."

(Extracto de Cuento Iº)

1 comentario:

sebastiancruz dijo...

¿por qué la última aventura?
¿quien es Anabella (aparte de la esposa de un cierto desangrado)?
Maldito sr. King, con ese nombre tiene que ser un tipo de odiar...

Con buenas imágenes, el cuento tiene cabeza, pero todavia no le veo los pies, no va para ningún lado sin lo que queda del fragmento. Leven anclas!